Celebre su boda en el Lago Orta: el Palazzo, hoy en día residencia privada, data del siglo XVII.

Como en un cuento de hadas, se puede llegar a la villa del Lago de Orta en barco, saliendo desde un muelle cercano del que también parten embarcaciones hacia la mágica isla de San Julio.

A través de la imponente portada, por la que en otras épocas pasaron caballos y carruajes, se accede a un patio y sus estancias adyancentes, donde se almacenaban entonces los barriles de vino. El interior del palacio posee espléndidos salones y salas de dibujo decorados con estuco y artesonados, chimeneas de mármol del siglo XVI, mobiliario antiguo y pertenencias que han pasado de generación en generación, todos ellos elementos que le brindan un encanto excepcional.

Aquí se celebran sofisticados eventos privados de carácter artístico y musical, incluso en invierno, cuando la campiña circundante recobra el silencio y la quietud que crean una atmósfera embrujadora.

El Palazzo, situado a pocos metros de una iglesia barroca y un edificio histórico municipal donde se celebran bodas civiles, esconde aún otro tesoro entre sus muros: un encantador jardín con vistas al lago, perfecto para eventos al aire libre.

Sería difícil no jurarse amor eterno en Orta, “acuarela divina pintada sobre lienzo de seda, con su Sagrado Monte a la espalda, su noble rambla flanqueada por misteriosos palacios, su plaza silenciosa donde las fachadas se ocultan tras el follaje de los castaños de indias y, al frente, la isla de San Julio que, cual etéreo purgatorio dantesco, se mece entre el agua y el cielo” (Piero Chiara). Incluso Friedrich Nietzsche, que estuvo aquí en 1882, no pudo evitar las flechas de Cupido; en numerosas ocasiones pasó por el Palacio durante sus paseos “sentimentales” con la joven Lou-Andreas Salomé por los alrededores del Monte Sagrado de Orta, que es en la actualidad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.